Este es el blog de Ismael Rojas Pozo

Están ustedes delante del blog de Ismael Rojas Pozo, quien escribe. Un espacio que comenzó a andar en el 10 diciembre de 2006. Desde algunos años antes se estaba gestando la idea, incluso cuando todavía no se manejaba el concepto de lo que hoy se conoce como “blog”.

Ahora, casi nueve años después se renueva. En medio mil historias, en 2011 aparece Anantes Gestoría Cultural, fruto de las ganas de hacer cosas de quién cuenta esto y de dos personas más. Revista IES, casi 30 libros editados, la creación del sello de autoedición AdLibitum, Vinos Filosóficos, Ágoras Líricas y sumando.

Es como volver a comenzar, apuntalar en forma de blog el proyecto cultural Anantes que no deja de crecer.

En unas pocas semanas se abrirá el plazo para un taller virtual de filosofía en la plataforma ESINON, en colaboración con Anantes Gestoría Cultural.

Voy a intentar recuperar las entradas que creo más interesantes y que he recordado después más veces. El resto se perderán en el olvido y en unos cuantos bites guardados en una carpeta virtual.

La condición humana: La contradicción.

Somos contradicción, ambigüedad e irracionales. Tenemos una buena ración de caos fruto de la historia, una coctelera de la que nadie escapa y que combina dos generaciones de las que estamos hechos, en el mejor de los casos, si no más Si a esto le metemos la mezcla cultural, social y familiar en la que hemos crecido, la bomba de relojería está servida. Ese artefacto estalla justo cuándo queremos entender su sentido, sacarlo del atolladero de la contradicción, esencia misma de la condición humana. El ser humano quiere entenderla y en ese momento, cuando algunos iluminados sin capacidad de mirarse el ombligo se atreven a criticar al otro, es en el instante en el que nos la cogemos con papel de fumar.

Antes de continuar, pido perdón de antemano por la última frase, por si alguien quiere ver ahí alguna forma de machismo en el lenguaje, pero espero que quien la lea entienda la esencia, de alguna forma la locución es hija de la contradicción. Sigo con la esencia del sentido del final del párrafo. Cogérsela con papel de fumar es la reducción al absurdo de la condición humana. Vivimos en un tiempo en el que es muy fácil encontrarnos de frente con los iluminados que atisban el final de la historia, de la contradicción, de la mezcla absurda de creencias y modernidad, para vislumbrar un futuro atemporal al más puro estilo hegeliano. Un futuro maravilloso, sin fe, sin religión por supuesto, sin ignorancia, sin machismo, sin desigualdades sociales. Un porvenir que no será tal porque el tiempo se detendrá, no habrá que mejorar nada, dónde cada cuál hará lo que quiera (esto requiere otra entrada al blog), con una formación cultural nueva que destruya los pilares de la civilización occidental completamente retrógrados, en un estado tal que sin saber muy bien cómo pero seremos felices.

Me gustaría saber dónde se va a meter a esa parte de la raza humana débil, con escaso espíritu de superación, sin curiosidad, sin ganas de trabajar y pasiva. Siento decir que no admito la respuesta “educando”, hay rincones inaccesibles. Y a esa otra parte irascible, agresiva, egoísta, insolidaria, autoritaria y violenta. Sigo pensando que la educación tiene sus límites. Pero también me gustaría que se miraran un poco a ver si esas personas encuentran alguna contradicción en sí mismos, desde fuera se ve mucho mejor, pero igual con paciencia se la encuentran.

Propongo dos cosas usando a dos filósofos. La primera respecto a la forma de solucionar el asunto político y social. Con Karl Popper diré que hay que interpretar la historia para planificarla y mejorarla, siendo conscientes de la enormes limitaciones de la ingeniería social y de lo poco que sabemos; el ser humano y su comportamiento social es impredecible, solo podemos intentar reformar fragmentariamente lo que hay. Y con Heidegger pido una mirada hacia el Ser, una vuelta hacia la esencia de todo lo que hay, una superación de la cosa, de lo superficial; ese es nuestro papel aquí, en la existencia, única forma de darnos cuenta de que el enemigo de la convivencia y la sociedad es el mismo y de que somos contradictorios naturalmente.

Así, no creo en los grandes discursos que corren por las redes sociales para solucionar el supuesto “mal congénito” de la humanidad. No creo en sus adalides. No creo en quién no se da cuenta de sus propias contradicciones y limitaciones. No creo en el mensajero del fin de la historia, bien porque no pueda seguir cambiando o bien porque deba cambiar definitivamente y quedar quieta. No creo en que vivamos en un mundo de hechos. No creo en las reducciones y simplificaciones para huir del Ser y de la esencia. Creo en la intuición, en la mística, en la magia, en la poesía, en el cambio, en la mezcla de generaciones, en las culturas, en la superación, en el trabajo, en el esfuerzo, en la curiosidad, en la diversidad y en el respeto mutuo.

 

¿Quién es el retrógrado?

Seguro que hay más de uno y más de una que tacharía de retrógrado a quien diga “qué poca vergüenza” al ver pasar por la playa a una chica con tanga. Pues eso. ¿Quién es el retrógrado? Como en cualquier cuestión humana hay grados, niveles, argumentos encontrados, libertades enfrentadas, decisiones contradictorias y puntos de vista. El hecho es el mismo, la diferencia es qué tengo en cuenta para estar a favor, en contra o todo lo contrario. Incluso, qué dejo de tener en cuenta para seguir pensando como se supone que debo pensar y no crear dudas entre los de mi cuerda.

El asunto cultural es el paradigma del desencuentro humano desarrollado. Cuanto más pensamos más nos alejamos unos de otros, la complejidad de los conflictos aumenta y la discusión racional deja más sitio a la argucia retórica. Y ahí está Facebook para demostrarnos hasta qué punto nos creemos “líderes de opinión” y traer el ascua cerca de nuestra sardina. Porque que no me cuenten rollos, la mayoría va a lo suyo y el que defiende lo de los demás no suele ir por ahí diciendo que unos tienen más razón que otros.

Entonces, tenemos que por criticar al contradictorio trasnochado el twittero de turno se vuelve más contradictorio y más trasnochado, aunque no lo sabe ni lo sabrá nunca. Las grandes verdades están reservadas para los elegidos y con ellos sólo nos vale la fe. ¿Quién es el retrógrado?

A una semana de dejar de “ilusionar”

He oído hablar a uno de ellos decir que hacer política es ilusionar. Tócate ahí, ilusionar, bonito eufemismo de “engañar”. Hacer política es decir qué vamos a hacer y en razón de qué, porque detrás de hacer política hay una teoría que se defiende y se pone en práctica. La gente lleva siendo manipulada por el poder y los políticos desde que nos organizábamos en tribus, igual ya es hora de que nos enteremos. La política es la reflexión sobre lo bueno y lo malo para la convivencia, es hacer propuestas para el contrato social. Esto es elegir y, como todo el mundo sabe, decidir es dejar atrás un camino que igual no era tan malo y coger otro que igual no era tan bueno. Hacer política es optar entre dos opciones donde una de ellas perjudica a menos gente. De político honesto es no ocultar esto. Y lo propio de un pueblo inteligente y solidario es admitir que no siempre va a pasar lo que a cada cual le conviene. Ser justos y tomar caminos conciliadores entre la imposible relación entre libertad e igualdad es hacer política, entre lo público y lo privado. Que el pueblo decida qué camino quiere. Para eso es necesario que los políticos lo digan clarito y que el que vota sea crítico. Pero, mientras el mitinero reviente los micrófonos soñando y prometiendo la luna a una masa incondicional y  mientras el elector se comporte como un hincha de un equipo de fútbol, seguiremos teniendo lo que tenemos, engañabobos y bobos engañados. Que nos queda una semana para que nos dejen de ilusionar y masajear hasta el éxtasis. A ver si esto cambia de aquí a dos mil años.