Soy Ismael Rojas Pozo y este es mi blog

Este espacio comenzó a andar el 10 diciembre de 2006. Desde algunos años antes se estaba gestando la idea, incluso cuando todavía no se manejaba el concepto de lo que hoy se conoce como «blog». Varios nombre quiso llevar, pero al final se quedó con «escarpada», en griego, tal como describe Platón su salida de la caverna.

Ahora, casi quince años después, sigue vivo. En medio mil historias, en 2011 aparece Anantes Gestoría Cultural, fruto de las ganas de hacer cosas de quién cuenta esto y de dos personas más. Nuestra querida Revista IES, más de 90 libros editados, la creación del sello de autoedición AdLibitum, Vinos Filosóficos, Ágoras Líricas y sumando. El último proyecto: FOL Recursos.

La risa

Como otras tantas cosas, la risa es humana. Hablo de lo cómico, del chiste, de la gracia, de reírnos del mundo. Porque no hay guasa sobre lo natural. Aquí una muestra de un fragmento de Bergson, se admiten comentarios:

«He aquí el primer punto sobre el cual he de llamar la atención. Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. Un paisaje podrá ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca ridículo. Si reímos a la vista de un animal, será por haber sorprendido en él una actitud o una expresión humana. Nos reímos de un sombrero, no por el fieltro o la paja de que se compone motiven por sí mismos nuestra risa, sino por la forma que los hombres le dieron, por el capricho humano en que se moldeó. No me explico que un hecho tan importante, dentro de su sencillez, no haya fijado más la atención de los filósofos.»
Enri Bergson. La risa.

Encontrar el lugar en el mundo

Podemos aspirar a ser únicos. De hecho ya lo somos. Es cuestión de encontrar nuestra característica diferencial que nos haga especiales. Solo hay que buscar en nuestro interior.

El pensamiento filosófico puede ser la herramienta para superar las dificultades vitales y crear un proyecto personal y profesional auténtico. No se puede olvidar que la filosofía es la solución a cada uno de los problemas que ha tenido la humanidad, desde el abandono del mito como principal respuesta a las preguntas humanas, hasta fórmulas para superar la alienación provocada por el uso indiscriminado de las nuevas tecnologías.

Por eso es bueno volver una y otra vez a los grandes mantras filosóficos. Hay uno sobradamente famoso, inscrito en la entrada del templo dedicado a Apolo en Delfos, que invita a los visitantes a buscar en su interior la sabiduría.

“Conócete a ti mismo”. Todo empieza y termina en cada uno de nosotros, si somos capaces de conocernos podremos gobernar nuestra acción. Tenemos una gran cantidad de posibilidades al crear nuestro camino en la vida, pero si no somos conscientes de ellas no tomaremos las decisiones de forma libre.

Lo contrario es ser esclavos de las circunstancias, estar abocados a lo que nos toque, invocar a la suerte en cada una de las decisiones que tomemos.

Sócrates, quizás el primer gran filósofo, se hizo famoso por conversar en Atenas con sus discípulos y hacer que sus ideas aflorasen a través de preguntas. Interpelaba a aquellos jóvenes para que pensaran, no les daba el conocimiento, provocaba que lo encontraran dentro de ellos mismos.

El método de Sócrates actualizado sería algo así como que podemos encontrar respuestas a muchos problemas de una forma más personal y sabia si argumentamos de forma auténtica, si encontramos en nosotros mismos la justificación, los valores y las virtudes que correspondan a lo que somos. Una existencia auténtica pasa por una reflexión sobre los problemas y una búsqueda de las soluciones desde nuestro punto de vista.

Busca las respuestas en tu interior.

www.folrecursos.com

Una cuestión de estilo

Es muy habitual escuchar eso de que «la apariencia no es lo importante». Molesta que te valoren por lo que pareces, por ese «a primera vista», por la impresión que damos, sin atender a lo que se considera «verdaderamente importante».

A pesar de esto, suelo defender en mis clases la importancia del valor estético. Sí, de la apariencia, de lo que mostramos o nos encontramos con los sentidos. De lo que transmite una mirada o un gesto, de lo que escondemos. Detalles, símbolos, orden o limpieza… cada forma es parte del mensaje.

Claro que hay que defender el estilo como parte del ser. Cuando comunicamos oralmente modulamos la voz, gesticulamos, administramos silencios y regulamos la velocidad según convenga. Todo forma parte del cómo queremos que se entienda el mensaje. Además, si no atendemos al estilo y lo dejamos al azar, estamos también afectando a la forma con la que transmitimos lo que queremos hacer llegar a nuestro oyente.

En literatura ocurre igual. ¿He dicho igual? No. La literatura es un arte, antes he hablado de comunicar. Imaginen la importancia de la estética en la poética. Crear con la palabra para hablar del dolor, del sufrimiento, de la traición, del amor, de la amistad, de la vida o de la muerte, es mucho más que contar una historia. Esta se convierte en el soporte de un estilo y la forma pasa a ser el mensaje.

En el arte el estilo es el mensaje. Con él se transmiten sentimientos, intenciones y se interpela al receptor para que sea parte de la obra. ¿Cómo vamos a pensar que la apariencia no es importante?

Anantes Gestoría Cultural – Somos productores de cultura (anantescultural.net)

TABULA RASA

Esta expresión latina significa literalmente “tablilla raspada”. Se refiere a una tabla de cera o de pizarra en la que no hay nada. Hubo un tiempo en el que se usaba para escribir y la única forma de borrar era alisando la superficie como si borramos lo escrito en la arena de la playa.

Ha llegado a nuestros días como una forma de decir que empezamos desde cero. En filosofía, hablar de “tabula rasa” es plantear que el conocimiento humano al nacer viene vacío, sin nada original, sin ideas innatas pertenecientes a nuestra propia naturaleza.

La consecuencia de esto es que cuando partimos de cero todo lo conocido se va ordenando según llega por la experiencia. La mente al nacer es un papel en blanco sin ideas. Que vamos rellenando a partir de los datos procedentes de los sentidos.

Más allá de este debate filosófico nunca resuelto, como la mayoría de los asuntos del pensamiento, puede resultar útil recurrir a esta figura retórica para ponerla al servicio de nuestra vida. De alguna manera partimos de cero en muchas circunstancias, nos aventuramos en situaciones desconocidas en las que puede ser bueno desprenderse de todos los prejuicios, sobre todo cuando no nos sirven para nada por la novedad de lo que nos ocurre.

Lo que proponemos es que en cada camino que vayamos creando nos quitemos de encima reglas y vicios que nos parecen imprescindibles, que nos desprendamos del lastre sobrante que provoca la experiencia y que vela nuestro entendimiento para afrontar nuevos retos.

En cada nueva aventura conviene partir con la mente de un niño, ser un nuevo creador de reglas, volver a escribir sobre la tabla lisa como si acabásemos de llegar. Construir un edificio sobre cimientos y ruinas de otros no augura un buen futuro.

Hacer “tabula rasa” en tiempos de cambio. Un esfuerzo de la voluntad, el entendimiento y la inteligencia.

Necesidades artificiales

El ser humano tiene muchas peculiaridades que le hacen ser especial en el reino animal. Se pueden resumir todas en una: no está determinado. Su naturaleza es la falta de ella, se encuentra arrojado a un mundo sin instrucciones, nace a merced de su entorno, depende de la educación que reciba en el contexto cultural que le toque vivir. Si algo lo determina es la circunstancia que no eligió, aunque en ella puede ser único e irrepetible.

En efecto, terminamos siendo individuos, seres con características propias en una vida temporal ligada a la historia y a los elementos culturales del entorno. El hecho de no estar determinado de forma natural por sus instintos, que son anecdóticos, las necesidades vitales vienen dadas por las circunstancias.

Es ahí, en el mundo que nos toca vivir donde nos dedicamos a reproducir necesidades sin cesar. Nuestra existencia llega a convertirse en una fábrica de creación de cosas que nos hacen falta para vivir, es un continuo «querer más», un realizarse sin fin, una carrera sin meta.

Es el ser humano el animal que crea necesidades. De su control depende nuestra felicidad.

TÍTULOS Y TRAMAS

En uno de esos mundos en los que ando metido encontré hace tiempo a un escritor auténtico, si se puede dejar de calificar así a cualquier escritor que se precie. Por azares del destino conocí a Salvador Navarro y con el tiempo pude acceder a una de sus obras.

Los años que llevo en el mundo editorial me han servido para reconocer mi torpeza leyendo y a valorar la grandeza de la literatura. He depurado la técnica autodidacta con mecanismos como conocer al escritor o al lector empedernido y ser todo oídos. A Salvador Navarro no lo leí hasta que no pude estar frente a él cuando firmaba libros en una caseta de feria (de libros). A partir de ahí, sus perfiles en las redes sociales, comentarios cruzados, encuentros literarios, amigos comunes… a leerlo.

Eso fue hace algunos años. Ahora acabo de terminar su última novela Nunca sabrás quién fui. Ya le llevo leídas tres y va a más en complejidad, ritmo, elaboración de sus personajes y trama. Sus títulos, que son ya un argumento, sus miradas, que se van volviendo con el tiempo guiños, una forma magistral de cruzar personajes, la confusión intencionada en los roles, el manejo de los planos temporales… ingredientes que se están convirtiendo en una marca personal.

Encuentro en sus novelas nobleza en forma de sinceridad, coherencia, gente que escucha, ojos bonitos y limpios, sensualidad, belleza física y espiritual… Se come bien, sí. Se viaja mucho en sus historias y se conocen rincones poco transitados de ciudades saturadas. Sus personajes tiene la misma dificultad que la trama y que el título. Es narrativa contemporánea, realista, mágica y simbólica.

En NUNCA SABRÁS QUIÉN FUI está todo elevado al máximo. Es algo así como la novela que siempre tuvo en mente. Recurre a su propio personaje como escritor como inspiración del argumento, lo dibuja con metaliteratura y juega a la confusión entre realidad y ficción hasta el final. Se exprime, pero, solo es literatura, no hay más que eso.

Y siempre una mujer, siempre un hombre y siempre un vino.

Normalidad

No es lo mismo una manifestación por la igualdad que una huelga removida por intereses políticos de la que, evidentemente, cada partido saca tajada para soliviantar a sus secuaces. La obsesión ideológica no puede servir a la normalidad vital. El avance tan tremendo que vive España en el asunto del género, el sexo y la raza se usa deliberadamente para conseguir rendimiento político. Es evidente, a la mínima, unos y otros encuentran motivos para encabronar y menear ideas políticas que poco o nada tienen que ver con la normalidad. Los complejos de la izquierda y la derecha no dejan de condicionar el pensamiento de gente sensata.
Si luchamos por la normalidad no podemos meter en medio otros asuntos. Me parece un insulto a la inteligencia pensar que la igualdad entre el hombre y la mujer en la sociedad contemporánea depende de la desaparición del capitalismo. El modelo mercantilista que hizo salir a Europa del sistema feudal, tiene hoy tantos grados de realización que cuesta hacerlo entender al pueblo, entonces lo mejor para algunos es meter a todas sus formas en el mismo saco del mal, escondiéndole que incluso una pequeña empresa autónoma forma parte del sistema capitalista. Así, con todo. La lucha por la normalidad en la sociedad, donde una mujer o un hombre puedan hacer o pensar como quieran sin miedo a nada, no es exclusiva de ninguna tendencia política, me parece una tomadura de pelo al pueblo fácilmente manipulable.
Yo cuando cierro la puerta de mi casa por dentro (valga de metáfora para todo lo demás) tengo claro que si todas las personas, mujeres, hombres y viceversa, actuaran igual y pensaran igual (no hablo de ideas políticas), el asunto cambiaría. Por eso invito a la gente que se manifestó, pero sobre todo a las mujeres que hicieron huelga, a que miren a sus vidas privadas y comprueben si hacen lo suficiente para que la normalidad llegue a sus vidas reales (no me gusta eso de la igualdad, es solo un escalón a superar).
 
Entiendo por normalidad que no hay que repartir nada al cincuenta porciento, solo hay que compartir cosas, tareas y responsabilidades. Normalidad es que se valore a las personas por sus capacidad y no por su sexo. Normalidad es que el código penal contenga leyes que no sean sexistas. Solo normalidad. Normalidad es que un tío o una tía sean considerados listos, hábiles, fuertes, delicados, cuidadosos o inhumanos por lo que hagan y no por su sexo.
 
La sociedad la formamos personas individuales y aquí empieza todo y termina todo. Yo en mi vida privada la tengo bastante avanzadita. ¿Y tú puedes decir lo mismo?

Cuestión cultural

Me preguntan unas alumnas por mi opinión sobre el asunto taurino. Todo porque ha habido una exposición en clase sobre el maltrato animal en muchos contextos. Les digo que sí, que encuentro arte en una corrida de toros, que consigo apreciarlo más allá del hecho de que allí haya un animal luchando por no morir y sufriendo. No puedo evitarlo, no puedo desvincularme artificialmente de mi educación, de lo que he mamado, de mi cultura. En mi familia siempre se veían corridas de toros por la tarde en la tele, era casi una tradición que mi hermano y yo nos sentáramos con mi abuelo a verlas. Entiendo algo del asunto y lo aprecio como manifestación cultural.

Pero les digo a mis alumnas que entiendo a quién no le gusta, al antitaurino, a aquel que no es capaz de ver nada más allá del sufrimiento del animal. El asunto es ontológico, como cualquier cosa que queramos entender y valorar, no podemos desvincular esta manifestación humana ni ninguna otra de su carácter simbólico. Todo lo que hacemos es lo que es más allá del simple hecho, es lo que es por quién lo hace, cuándo se hace y el porqué se hace. Hasta tal punto esto es así que yo entiendo que hay situaciones de domesticación de animales que me parecen injustas y éticamente inaceptables.

Digo más, una tradición como la taurina, que discurre como cualquier otra, cambiando y evolucionando, algún día dejará de darse y pasará a la historia. Historia, eso es lo que somos y hacemos, esto no para, no entiendo muy bien el concepto «tradición», al menos no como algo estable y duradero, es solo consecuencia del eterno anhelo humano del infinito. Lo tradicional es  aquello que lleva más tiempo cambiando.

Así es todo. Los hechos no se pueden desvincular de su sentido humano, dejan de ser lo que son para quedarse en mea cosa y ese mundo no es en el que vivimos. Somos unos animales simbólicos, culturales, dotamos de sentido a una cruz, dependiendo del tamaño y la forma de las puntas ¿Cómo no vamos a comprender el resto de lo que nos rodea sin atender a su sentido e intención?

¿Solución? No hay, al menos no definitiva, siempre habrá discrepancias en la forma de comprender este mundo cambiante y diverso. No creo en las fórmulas mágicas porque las preguntas por responder son en esencia un dilema y una paradoja ¿Buenos y malos? Pues depende, lo primero que hay que dejar claro son los valores fundamentales y después seguimos discutiendo. Ante la duda existencial la única alternativa para seguir vivo es tomar decisiones, incluyendo quedarse o no en la indiferencia.

TODOS LOCOS

Estáis locos, todos. Nos hemos vuelto locos. Aunque es posible que nunca estuviéramos cuerdos. Aquí gana el que más escándalo hace, el que más manipula, el que mejor usa la propaganda y siempre fue así y no acabará nunca, tú también, no creas que no va contigo, va conmigo también. Qué hay de toda esa gente que votó NO a los partidos que querían este absurdo referendum en las elecciones catalanas. Los del SÍ fueron quienes apostaron fuerte porque aquello se contara en votos y no en escaños. Pero eso se ve que no importa, nadie lo ha dicho, nadie lo usó como forma de aclarar lo que hay, porque a nadie le interesó. Solo se quiere sangre, dolor, sufrimiento, revolución o sumisión. Qué hay de la gente que ayer alucinaba en Cataluña con menos de la mitad del pueblo echado a la calle como energúmenos por un no se sabe muy bien qué, que hay de esa mayoría que no quiere la independencia y que lo votó tranquilamente hace poco.

Estáis todos locos, tenéis ganas de pelea, todos, los «buenos» también, porque es un insulto a mi inteligencia la retórica de la demagogia para hacerse las víctimas. Qué víctimas, la huida hacia adelante la han hecho unos pocos con una buena labia y el resto lo ha seguido sin control, ciegos, sin luces y sin frenos, borregos. Pero no quedó claro en las elecciones que NO se quería referendum, unas elecciones de verdad que terminaron siendo de verdad, eso, escaños.

Claro, ya da igual, estamos en el lugar en el que a la mayoría de esta especie humana loca le gusta estar, en el enfrentamiento absurdo, en el «tú con esas gafas», en el yo soy el bueno y libre o yo soy la ley y el orden.

Pues ya hubo un saltarse la ley, buenistas, lo que pasa es que no ganasteis. Y ya hubo una trampa, poder, y debió legitimarse. Ya habríamos acabado. Hubo un plebiscito real, tan vitoreado a priori y tan manipulado como cualquier otro. Si ya lo hubo qué hacemos haciendo el imbécil, no se le puede quitar el cargo sin violencia ninguna a quien no respeta la constitución, a qué viene no usar los medios que se usarían contra cualquier funcionario del Estado si se salta las normas.

Siento deciros que estamos locos, todos, y que cada uno de ustedes que andáis por ahí echando leña al fuego estáis locos, los buenistas también, yo os señalo con el dedo, lo siento, es que parece que no se puede porque no se puede pensar de otra forma para ser bueno. Pues ya os podíais haberos dado cuenta de que salió NO.

A quién haya llegado hasta aquí le toca ahora pensar de qué bando estoy. Supongo que considerarás que del otro. Si es así, me estáis dando la razón.

 

La condición humana: La contradicción.

Somos contradicción, ambigüedad e irracionales. Tenemos una buena ración de caos fruto de la historia, una coctelera de la que nadie escapa y que combina dos generaciones de las que estamos hechos, en el mejor de los casos, si no más Si a esto le metemos la mezcla cultural, social y familiar en la que hemos crecido, la bomba de relojería está servida. Ese artefacto estalla justo cuándo queremos entender su sentido, sacarlo del atolladero de la contradicción, esencia misma de la condición humana. El ser humano quiere entenderla y en ese momento, cuando algunos iluminados sin capacidad de mirarse el ombligo se atreven a criticar al otro, es en el instante en el que nos la cogemos con papel de fumar.

Antes de continuar, pido perdón de antemano por la última frase, por si alguien quiere ver ahí alguna forma de machismo en el lenguaje, pero espero que quien la lea entienda la esencia, de alguna forma la locución es hija de la contradicción. Sigo con la esencia del sentido del final del párrafo. Cogérsela con papel de fumar es la reducción al absurdo de la condición humana. Vivimos en un tiempo en el que es muy fácil encontrarnos de frente con los iluminados que atisban el final de la historia, de la contradicción, de la mezcla absurda de creencias y modernidad, para vislumbrar un futuro atemporal al más puro estilo hegeliano. Un futuro maravilloso, sin fe, sin religión por supuesto, sin ignorancia, sin machismo, sin desigualdades sociales. Un porvenir que no será tal porque el tiempo se detendrá, no habrá que mejorar nada, dónde cada cuál hará lo que quiera (esto requiere otra entrada al blog), con una formación cultural nueva que destruya los pilares de la civilización occidental completamente retrógrados, en un estado tal que sin saber muy bien cómo pero seremos felices.

Me gustaría saber dónde se va a meter a esa parte de la raza humana débil, con escaso espíritu de superación, sin curiosidad, sin ganas de trabajar y pasiva. Siento decir que no admito la respuesta «educando», hay rincones inaccesibles. Y a esa otra parte irascible, agresiva, egoísta, insolidaria, autoritaria y violenta. Sigo pensando que la educación tiene sus límites. Pero también me gustaría que se miraran un poco a ver si esas personas encuentran alguna contradicción en sí mismos, desde fuera se ve mucho mejor, pero igual con paciencia se la encuentran.

Propongo dos cosas usando a dos filósofos. La primera respecto a la forma de solucionar el asunto político y social. Con Karl Popper diré que hay que interpretar la historia para planificarla y mejorarla, siendo conscientes de la enormes limitaciones de la ingeniería social y de lo poco que sabemos; el ser humano y su comportamiento social es impredecible, solo podemos intentar reformar fragmentariamente lo que hay. Y con Heidegger pido una mirada hacia el Ser, una vuelta hacia la esencia de todo lo que hay, una superación de la cosa, de lo superficial; ese es nuestro papel aquí, en la existencia, única forma de darnos cuenta de que el enemigo de la convivencia y la sociedad es el mismo y de que somos contradictorios naturalmente.

Así, no creo en los grandes discursos que corren por las redes sociales para solucionar el supuesto «mal congénito» de la humanidad. No creo en sus adalides. No creo en quién no se da cuenta de sus propias contradicciones y limitaciones. No creo en el mensajero del fin de la historia, bien porque no pueda seguir cambiando o bien porque deba cambiar definitivamente y quedar quieta. No creo en que vivamos en un mundo de hechos. No creo en las reducciones y simplificaciones para huir del Ser y de la esencia. Creo en la intuición, en la mística, en la magia, en la poesía, en el cambio, en la mezcla de generaciones, en las culturas, en la superación, en el trabajo, en el esfuerzo, en la curiosidad, en la diversidad y en el respeto mutuo.