Educar y prohibir
Martes, 29 septiembre 2009
Entre prohibir y educar está la cuestión. Aunque parezca mentira son los dos extremos de la sociedad y se parecen por ello, no por ser lo mismo. Educar no es prohibir y prohibir tampoco debería ser educar. Entiendo que cuando educamos estamos socializando, es decir, convirtiendo a una persona joven en un adulto responsable que ejerza su libertad. Si se educa bien no deberíamos prohibir a nadie nada, de hecho en una sociedad adulta como puede ser la española hay muchas situaciones públicas donde no es necesario prohibir porque el ciudadano entiende sin problemas cual debe ser su comportamiento.
Prohibir se produce cuando la gente no sabe como debe actuar y si lo sabe no lo hace porque no quiere. Prohibir es el otro extremo que controla al rebaño. Sí, efectivamente, somos un grupo de seres que tenemos que comportarnos parecidos, de no ser así sería el caos. Lo que pasa es que el perro, más de presa que pastor, que controla lo incorrecto no debería notarse, vamos que deberíamos ir por los límites sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Prohibir no deja de ser necesario, porque educar perfectamente se me antoja imposible y casi odioso. ¿Se imagina una sociedad donde nadie haga nada susceptible de inmoralidad? Qué horror.
Entre educar y prohibir está la cuestión. Ni una cosa sin la otra pero en el justo equilibrio, así entiendo yo como deben ser establecidos los límites de una sociedad. Además, una educación que pueda ser discutida y cambiada a lo largo de las generaciones, junto con unas prohibiciones que sean cambiadas desde la “rebelión” moderada (si esto es posible, que creo que lo es…pasa todos los días).
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