Razón diligente y razón perezosa
Por Ismael • 8 Nov, 2009 • Sección: blogPodemos elegir entre dos formas de afrontar lo que nos ha tocado vivir, podemos decidir libremente la actitud ante la vida, ante lo que nos complace y lo que nos ofusca. Realmente estamos obligados a tomar uno de los caminos, porque nadie se escapa a la libertad. Otra cosa es que hagamos lo que creemos, lo que pensamos, lo que sentimos o que simplemente nos dejemos llevar por los más bajos impulsos y hacer sólo y exclusivamente lo que nos pida el cuerpo. El sentido de esto último debe entenderse de forma literal, porque lo que nos pide el cuerpo es realmente aquello que más instintivamente nuestro organismo es capaz de pedir y que sólo los más perezosos son capaces de escuchar hasta la estenuación.
Efectivamente podemos, decidimos, pensamos, y hacer una cosa u otra depende en última instancia de nosotros mismos. La forma con la que manejemos estas cualidades tan especiales puede hacer que seamos diligentes o perezosos. Porque querer, luchar, emprender, soñar, esperar, sufrir son verbos diligentes y hay que conjugarlos desde la primera persona si nuestra intención es vivir de una forma activa. Usar la razón diligente es amar, es afrontar con fuerza los problemas inevitables que las circunstancias te proponen, es ser capaz de entender como insignificante lo que realmente lo es y darle importancia a aquello que la merece.
Pero se puede tomar otra vía, usar la razón perezosa, que es odiar, es negarse a vivir, es dejar que el tiempo pase con todas sus circunstancias adversas para superar, con la única esperanza de que no molesten demasiado.
¿Ambición o no? Podemos o no, podemos querer o no y podemos pensar que debemos hacerlo o no.
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