La condición humana: La contradicción.

Somos contradicción, ambigüedad e irracionales. Tenemos una buena ración de caos fruto de la historia, una coctelera de la que nadie escapa y que combina dos generaciones de las que estamos hechos, en el mejor de los casos, si no más Si a esto le metemos la mezcla cultural, social y familiar en la que hemos crecido, la bomba de relojería está servida. Ese artefacto estalla justo cuándo queremos entender su sentido, sacarlo del atolladero de la contradicción, esencia misma de la condición humana. El ser humano quiere entenderla y en ese momento, cuando algunos iluminados sin capacidad de mirarse el ombligo se atreven a criticar al otro, es en el instante en el que nos la cogemos con papel de fumar.

Antes de continuar, pido perdón de antemano por la última frase, por si alguien quiere ver ahí alguna forma de machismo en el lenguaje, pero espero que quien la lea entienda la esencia, de alguna forma la locución es hija de la contradicción. Sigo con la esencia del sentido del final del párrafo. Cogérsela con papel de fumar es la reducción al absurdo de la condición humana. Vivimos en un tiempo en el que es muy fácil encontrarnos de frente con los iluminados que atisban el final de la historia, de la contradicción, de la mezcla absurda de creencias y modernidad, para vislumbrar un futuro atemporal al más puro estilo hegeliano. Un futuro maravilloso, sin fe, sin religión por supuesto, sin ignorancia, sin machismo, sin desigualdades sociales. Un porvenir que no será tal porque el tiempo se detendrá, no habrá que mejorar nada, dónde cada cuál hará lo que quiera (esto requiere otra entrada al blog), con una formación cultural nueva que destruya los pilares de la civilización occidental completamente retrógrados, en un estado tal que sin saber muy bien cómo pero seremos felices.

Me gustaría saber dónde se va a meter a esa parte de la raza humana débil, con escaso espíritu de superación, sin curiosidad, sin ganas de trabajar y pasiva. Siento decir que no admito la respuesta “educando”, hay rincones inaccesibles. Y a esa otra parte irascible, agresiva, egoísta, insolidaria, autoritaria y violenta. Sigo pensando que la educación tiene sus límites. Pero también me gustaría que se miraran un poco a ver si esas personas encuentran alguna contradicción en sí mismos, desde fuera se ve mucho mejor, pero igual con paciencia se la encuentran.

Propongo dos cosas usando a dos filósofos. La primera respecto a la forma de solucionar el asunto político y social. Con Karl Popper diré que hay que interpretar la historia para planificarla y mejorarla, siendo conscientes de la enormes limitaciones de la ingeniería social y de lo poco que sabemos; el ser humano y su comportamiento social es impredecible, solo podemos intentar reformar fragmentariamente lo que hay. Y con Heidegger pido una mirada hacia el Ser, una vuelta hacia la esencia de todo lo que hay, una superación de la cosa, de lo superficial; ese es nuestro papel aquí, en la existencia, única forma de darnos cuenta de que el enemigo de la convivencia y la sociedad es el mismo y de que somos contradictorios naturalmente.

Así, no creo en los grandes discursos que corren por las redes sociales para solucionar el supuesto “mal congénito” de la humanidad. No creo en sus adalides. No creo en quién no se da cuenta de sus propias contradicciones y limitaciones. No creo en el mensajero del fin de la historia, bien porque no pueda seguir cambiando o bien porque deba cambiar definitivamente y quedar quieta. No creo en que vivamos en un mundo de hechos. No creo en las reducciones y simplificaciones para huir del Ser y de la esencia. Creo en la intuición, en la mística, en la magia, en la poesía, en el cambio, en la mezcla de generaciones, en las culturas, en la superación, en el trabajo, en el esfuerzo, en la curiosidad, en la diversidad y en el respeto mutuo.

 

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