TABULA RASA

Esta expresión latina significa literalmente “tablilla raspada”. Se refiere a una tabla de cera o de pizarra en la que no hay nada. Hubo un tiempo en el que se usaba para escribir y la única forma de borrar era alisando la superficie como si borramos lo escrito en la arena de la playa.

Ha llegado a nuestros días como una forma de decir que empezamos desde cero. En filosofía, hablar de “tabula rasa” es plantear que el conocimiento humano al nacer viene vacío, sin nada original, sin ideas innatas pertenecientes a nuestra propia naturaleza.

La consecuencia de esto es que cuando partimos de cero todo lo conocido se va ordenando según llega por la experiencia. La mente al nacer es un papel en blanco sin ideas. Que vamos rellenando a partir de los datos procedentes de los sentidos.

Más allá de este debate filosófico nunca resuelto, como la mayoría de los asuntos del pensamiento, puede resultar útil recurrir a esta figura retórica para ponerla al servicio de nuestra vida. De alguna manera partimos de cero en muchas circunstancias, nos aventuramos en situaciones desconocidas en las que puede ser bueno desprenderse de todos los prejuicios, sobre todo cuando no nos sirven para nada por la novedad de lo que nos ocurre.

Lo que proponemos es que en cada camino que vayamos creando nos quitemos de encima reglas y vicios que nos parecen imprescindibles, que nos desprendamos del lastre sobrante que provoca la experiencia y que vela nuestro entendimiento para afrontar nuevos retos.

En cada nueva aventura conviene partir con la mente de un niño, ser un nuevo creador de reglas, volver a escribir sobre la tabla lisa como si acabásemos de llegar. Construir un edificio sobre cimientos y ruinas de otros no augura un buen futuro.

Hacer “tabula rasa” en tiempos de cambio. Un esfuerzo de la voluntad, el entendimiento y la inteligencia.

Necesidades artificiales

El ser humano tiene muchas peculiaridades que le hacen ser especial en el reino animal. Se pueden resumir todas en una: no está determinado. Su naturaleza es la falta de ella, se encuentra arrojado a un mundo sin instrucciones, nace a merced de su entorno, depende de la educación que reciba en el contexto cultural que le toque vivir. Si algo lo determina es la circunstancia que no eligió, aunque en ella puede ser único e irrepetible.

En efecto, terminamos siendo individuos, seres con características propias en una vida temporal ligada a la historia y a los elementos culturales del entorno. El hecho de no estar determinado de forma natural por sus instintos, que son anecdóticos, las necesidades vitales vienen dadas por las circunstancias.

Es ahí, en el mundo que nos toca vivir donde nos dedicamos a reproducir necesidades sin cesar. Nuestra existencia llega a convertirse en una fábrica de creación de cosas que nos hacen falta para vivir, es un continuo «querer más», un realizarse sin fin, una carrera sin meta.

Es el ser humano el animal que crea necesidades. De su control depende nuestra felicidad.

TÍTULOS Y TRAMAS

En uno de esos mundos en los que ando metido encontré hace tiempo a un escritor auténtico, si se puede dejar de calificar así a cualquier escritor que se precie. Por azares del destino conocí a Salvador Navarro y con el tiempo pude acceder a una de sus obras.

Los años que llevo en el mundo editorial me han servido para reconocer mi torpeza leyendo y a valorar la grandeza de la literatura. He depurado la técnica autodidacta con mecanismos como conocer al escritor o al lector empedernido y ser todo oídos. A Salvador Navarro no lo leí hasta que no pude estar frente a él cuando firmaba libros en una caseta de feria (de libros). A partir de ahí, sus perfiles en las redes sociales, comentarios cruzados, encuentros literarios, amigos comunes… a leerlo.

Eso fue hace algunos años. Ahora acabo de terminar su última novela Nunca sabrás quién fui. Ya le llevo leídas tres y va a más en complejidad, ritmo, elaboración de sus personajes y trama. Sus títulos, que son ya un argumento, sus miradas, que se van volviendo con el tiempo guiños, una forma magistral de cruzar personajes, la confusión intencionada en los roles, el manejo de los planos temporales… ingredientes que se están convirtiendo en una marca personal.

Encuentro en sus novelas nobleza en forma de sinceridad, coherencia, gente que escucha, ojos bonitos y limpios, sensualidad, belleza física y espiritual… Se come bien, sí. Se viaja mucho en sus historias y se conocen rincones poco transitados de ciudades saturadas. Sus personajes tiene la misma dificultad que la trama y que el título. Es narrativa contemporánea, realista, mágica y simbólica.

En NUNCA SABRÁS QUIÉN FUI está todo elevado al máximo. Es algo así como la novela que siempre tuvo en mente. Recurre a su propio personaje como escritor como inspiración del argumento, lo dibuja con metaliteratura y juega a la confusión entre realidad y ficción hasta el final. Se exprime, pero, solo es literatura, no hay más que eso.

Y siempre una mujer, siempre un hombre y siempre un vino.