TÍTULOS Y TRAMAS

En uno de esos mundos en los que ando metido encontré hace tiempo a un escritor auténtico, si se puede dejar de calificar así a cualquier escritor que se precie. Por azares del destino conocí a Salvador Navarro y con el tiempo pude acceder a una de sus obras.

Los años que llevo en el mundo editorial me han servido para reconocer mi torpeza leyendo y a valorar la grandeza de la literatura. He depurado la técnica autodidacta con mecanismos como conocer al escritor o al lector empedernido y ser todo oídos. A Salvador Navarro no lo leí hasta que no pude estar frente a él cuando firmaba libros en una caseta de feria (de libros). A partir de ahí, sus perfiles en las redes sociales, comentarios cruzados, encuentros literarios, amigos comunes… a leerlo.

Eso fue hace algunos años. Ahora acabo de terminar su última novela Nunca sabrás quién fui. Ya le llevo leídas tres y va a más en complejidad, ritmo, elaboración de sus personajes y trama. Sus títulos, que son ya un argumento, sus miradas, que se van volviendo con el tiempo guiños, una forma magistral de cruzar personajes, la confusión intencionada en los roles, el manejo de los planos temporales… ingredientes que se están convirtiendo en una marca personal.

Encuentro en sus novelas nobleza en forma de sinceridad, coherencia, gente que escucha, ojos bonitos y limpios, sensualidad, belleza física y espiritual… Se come bien, sí. Se viaja mucho en sus historias y se conocen rincones poco transitados de ciudades saturadas. Sus personajes tiene la misma dificultad que la trama y que el título. Es narrativa contemporánea, realista, mágica y simbólica.

En NUNCA SABRÁS QUIÉN FUI está todo elevado al máximo. Es algo así como la novela que siempre tuvo en mente. Recurre a su propio personaje como escritor como inspiración del argumento, lo dibuja con metaliteratura y juega a la confusión entre realidad y ficción hasta el final. Se exprime, pero, solo es literatura, no hay más que eso.

Y siempre una mujer, siempre un hombre y siempre un vino.