La risa

Como otras tantas cosas, la risa es humana. Hablo de lo cómico, del chiste, de la gracia, de reírnos del mundo. Porque no hay guasa sobre lo natural. Aquí una muestra de un fragmento de Bergson, se admiten comentarios:

«He aquí el primer punto sobre el cual he de llamar la atención. Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. Un paisaje podrá ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca ridículo. Si reímos a la vista de un animal, será por haber sorprendido en él una actitud o una expresión humana. Nos reímos de un sombrero, no por el fieltro o la paja de que se compone motiven por sí mismos nuestra risa, sino por la forma que los hombres le dieron, por el capricho humano en que se moldeó. No me explico que un hecho tan importante, dentro de su sencillez, no haya fijado más la atención de los filósofos.»
Enri Bergson. La risa.

Encontrar el lugar en el mundo

Podemos aspirar a ser únicos. De hecho ya lo somos. Es cuestión de encontrar nuestra característica diferencial que nos haga especiales. Solo hay que buscar en nuestro interior.

El pensamiento filosófico puede ser la herramienta para superar las dificultades vitales y crear un proyecto personal y profesional auténtico. No se puede olvidar que la filosofía es la solución a cada uno de los problemas que ha tenido la humanidad, desde el abandono del mito como principal respuesta a las preguntas humanas, hasta fórmulas para superar la alienación provocada por el uso indiscriminado de las nuevas tecnologías.

Por eso es bueno volver una y otra vez a los grandes mantras filosóficos. Hay uno sobradamente famoso, inscrito en la entrada del templo dedicado a Apolo en Delfos, que invita a los visitantes a buscar en su interior la sabiduría.

“Conócete a ti mismo”. Todo empieza y termina en cada uno de nosotros, si somos capaces de conocernos podremos gobernar nuestra acción. Tenemos una gran cantidad de posibilidades al crear nuestro camino en la vida, pero si no somos conscientes de ellas no tomaremos las decisiones de forma libre.

Lo contrario es ser esclavos de las circunstancias, estar abocados a lo que nos toque, invocar a la suerte en cada una de las decisiones que tomemos.

Sócrates, quizás el primer gran filósofo, se hizo famoso por conversar en Atenas con sus discípulos y hacer que sus ideas aflorasen a través de preguntas. Interpelaba a aquellos jóvenes para que pensaran, no les daba el conocimiento, provocaba que lo encontraran dentro de ellos mismos.

El método de Sócrates actualizado sería algo así como que podemos encontrar respuestas a muchos problemas de una forma más personal y sabia si argumentamos de forma auténtica, si encontramos en nosotros mismos la justificación, los valores y las virtudes que correspondan a lo que somos. Una existencia auténtica pasa por una reflexión sobre los problemas y una búsqueda de las soluciones desde nuestro punto de vista.

Busca las respuestas en tu interior.

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Una cuestión de estilo

Es muy habitual escuchar eso de que «la apariencia no es lo importante». Molesta que te valoren por lo que pareces, por ese «a primera vista», por la impresión que damos, sin atender a lo que se considera «verdaderamente importante».

A pesar de esto, suelo defender en mis clases la importancia del valor estético. Sí, de la apariencia, de lo que mostramos o nos encontramos con los sentidos. De lo que transmite una mirada o un gesto, de lo que escondemos. Detalles, símbolos, orden o limpieza… cada forma es parte del mensaje.

Claro que hay que defender el estilo como parte del ser. Cuando comunicamos oralmente modulamos la voz, gesticulamos, administramos silencios y regulamos la velocidad según convenga. Todo forma parte del cómo queremos que se entienda el mensaje. Además, si no atendemos al estilo y lo dejamos al azar, estamos también afectando a la forma con la que transmitimos lo que queremos hacer llegar a nuestro oyente.

En literatura ocurre igual. ¿He dicho igual? No. La literatura es un arte, antes he hablado de comunicar. Imaginen la importancia de la estética en la poética. Crear con la palabra para hablar del dolor, del sufrimiento, de la traición, del amor, de la amistad, de la vida o de la muerte, es mucho más que contar una historia. Esta se convierte en el soporte de un estilo y la forma pasa a ser el mensaje.

En el arte el estilo es el mensaje. Con él se transmiten sentimientos, intenciones y se interpela al receptor para que sea parte de la obra. ¿Cómo vamos a pensar que la apariencia no es importante?

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