Sobre Murakami

A las personas se les puede dividir sin dificultad en tres grupos: los que no han leído a Murakami en su vida, los que disfrutan de su literatura y los que la odian. Quizás sea una reducción algo exagerada, aunque es muy difícil encontrar a alguien que haya leído algo de él y se haya quedado en la indiferencia.

Murakami es de la generación de mis padres, pero poco que ver con sus vidas. Nace en Kioto y crece en un ambiente absolutamente literario. Tiene su primer éxito internacional con Tokio Blues (la menos parecida a sí mismo) y su obra está traducida a más de 50 idiomas. Se puede decir que es un escritor famoso entre los que nos gusta leer.

El asunto es que provoca amor y rechazo a partes iguales. Hace poco me crucé con dos personas que coincidían en que no les parecía un auténtico escritor, hablaban de él con cierto desprecio y sorna, llegando a decir que era algo así como el Paulo Coelho de la literatura. Otro que también es famoso, aunque a este sí se le conoce fuera del mundillo de los libros. Me faltaban partes en esos juicios que tan convencidos se regalaban. «De la literatura», ¿acaso Paulo Coelho es otra cosa que un escritor (si lo fuere)? ¿Quisieron decir que Paulo Coelho es un filósofo? De ser así no conozco a ningún colega vivo o muerto que le tenga el más mínimo respeto como pensador. Filólogos sí que conozco que aprecian a Murakami, por no entrar en la polémica de su siempre probable Nobel. Ni Coelho es filósofo, ni escritor, dejémoslo en coach.

El error argumentativo lo encuentro en que confunden el gusto personal con el criterio estético. En la misma conversación introduje el tema de Ishiguro Kazuo. Recientemente me había leído Nunca me abandones, recomendado precisamente por una de las personas de la conversación. Este sí es premio Nobel y con todo el reconocimiento internacional que pueda tener Murakami. Pues no me pareció Kazuo de mi gusto, solo bien, sin entrar en detalles. Una literatura de calidad, aunque eché en falta algo más de diversidad de recursos, desde el argumento hasta la complejidad de los personajes (que se agotaban muy pronto). Diría que Kazuo no me gustó, pero a ellos sí.

Si Murakami ha calado en lectores de todo tipo es por la maestría y exclusividad con la que dibuja sus historias. Mundos cotidianos en los que la magia y lo surrealista ocurren con toda la naturalidad con la que el Sol sale por la mañana. Un escritor que introduce su propia vida en su ficción como estructura: baseball, gatos, pozos, cocina japonesa, cerveza, música, mucho jazz, la obsesión por la segunda guerra entre Japón y China, la ropa, las zapatillas blancas, el tejido tweed, la belleza adolescente, los rostros, el mundo interior, los libros… Reconozco que todo esto necesita de un lector que conecte con ese universo, comprendo a aquel que no sea capaz. Si a todos nos gustara todo por igual, el mundo sería más aburrido.

Tengo casi decidido que el próximo que me leeré de Murakami será De qué hablo cuando hablo de correr (no espero una autoayuda para terminar una maratón). Y he llegado hasta aquí porque todo esto lo he escrito en mi cabeza mientras corría, en un lugar tan mágico como los que diseña Hayao Miyasaki en sus animaciones, sintiendo el infinito de un espacio atravesado por una vía del tren absolutamente recta (ya solo vía verde). Porque la literatura tiene ese poder de entrenar nuestra imaginación y hacerla crear más y mejor.