Ciudadanía
La novedad educativa propuesta por el gobierno se convirtió antes de su puesta en práctica en un nuevo motivo de disputa política. La Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos consiste en una apuesta didáctica para ayudar al adolescente a salir de su infantil conciencia y afrontar los retos de formar parte de una sociedad democrática. Se pretende que se imparta en 1º y 3º de ESO, además de incluirlo posteriormente en el currículum de Primaria. Los contenidos que aparecen en el Real Decreto 1631/2006 de 29 de Diciembre que regula la asignatura son muy generales y se refieren a cuestiones como : la convivencia, el rechazo del racismo y la xenofobia, el espíritu crítico, el respeto, la capacidad de crítica y de debate, los derechos de las mujeres, el Estado de Derecho, la diversidad social y cultura, el consumo responsable y la toma de conciencia de las desigualdades en el mundo. El objetivo es conseguir que el alumno desarrolle capacidades acordes con estos contenidos para la mejor integración en un mundo democrático, en el marco de los Derechos Humanos y la Constitución Española. La propuesta es una continuación de lo que ya pretende el sistema educativo en general.
La dificultad viene cuando vemos el circo político del que se ha rodeado. ¿Quién tiene razón? ¿Quién tiene la culpa? Modestamente digo que quien responda a estar preguntas con nombres ha caído en la trampa. La asignatura tan sólo tiene una hora semanal, desde dónde difícilmente se le puede dar continuación a unos contenidos, pocas materias quedaban ya con esta limitación horaria. El profesorado no es el adecuado, al menos hay dificultades serías afirmar quién realmente debe impartirla. Su nombre es complicado y perverso, la Ética de 4º de ESO ya se encargaba de contenidos semejantes sin hacer tanto ruído. Por cierto, a esta asignatura también le han cambiado el nombre para el año que viene. Las críticas a sus contenidos son totalmente infundadas. La objeción de conciencia podría hacerse con más asignaturas, los profesores pueden inculcar tanto o más valores a los alumnos en las demás asignaturas. Ambas posturas enfrentadas optan por el enfrentamiento, suelen hacerse un sitio político fortaleciendo los ideales de sus votantes de esta forma. Por tanto, quién tenga la razón o la culpa es la pregunta que nos hacen los interesados en la polémica para apresarnos en sus garras para robarnos el voto. La clase política necesita de este tipo de circos y el debate de la asignatura sería mucho más productivo si fuera real y cercano al aula. Afortunadamente todavía quedan profesores que se preocupan y hacen del día a día algo más provechoso que las leyes que les llegan de arriba. La suerte del alumno estará en encontrar a esos profesores, si no es así tendrán que quedarse con la frialdad e inconsciencia del sistema educativo hecho por los educadores de despacho.
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