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	<title>ANANTES. Ismael Rojas pozo &#187; ciencia</title>
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		<title>Ágora</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 15:24:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
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		<description><![CDATA[

El lugar público para discutir se hace necesario desde el momento en que creemos en la humanidad. Nuestra condición nos hace ser culturales, científicos, políticos y religiosos. En la plaza pública es donde debe darse ese debate y nunca el lugar del enfrentamiento y el fanatismo. La ciencia busca el saber de forma crítica y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.anantes.net/wp-content//apolonio.JPG"></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.anantes.net/wp-content//cono_apolonio_web.jpg"><img class="size-full wp-image-992  aligncenter" title="cono_apolonio_web" src="http://www.anantes.net/wp-content//cono_apolonio_web.jpg" alt="cono_apolonio_web" width="300" height="231" /></a></p>
<p style="text-align: left;">El lugar público para discutir se hace necesario desde el momento en que creemos en la humanidad. Nuestra condición nos hace ser culturales, científicos, políticos y religiosos. En la plaza pública es donde debe darse ese debate y nunca el lugar del enfrentamiento y el fanatismo. La ciencia busca el saber de forma crítica y racional, la política es la reflexión sobre lo público y su organización, la religión pretende encontrar la tranquilidad que le haga superar la angustia y la inquietud vital a través de la fe.<br />
En cada uno de los ámbitos está el debate, incluso en la ciencia porque de ella tampoco podemos estar seguro. Si el debate es imposición debemos cerrar el chiringuito que hemos creado e irnos. En la película Ágora se muestra la plaza pública con su cara más amarga. Judíos y Cristianos disputándose el poder, el negocio y al pueblo. Bajo la excusa de la fe y del poder se venden las conciencias.<br />
Lamentablemente Ágora fue real, se destruyó la Biblioteca de Alejandría y bajo los colores religiosos se abanderó el fanatismo.</p>
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		<title>Las matemáticas</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 11:37:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
				<category><![CDATA[diario de clase]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
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Las matemáticas surgen cuando intentamos comprender los datos percibidos por los sentidos. Estos datos se abstraen y se intentan comprender. Estudia las propiedades y relaciones de los entes abstractos (números, figuras geométricas y símbolos). Como lo que nos interesa para la clase es entenderla con respecto a Platón y con respecto a comprender cuales son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.anantes.net/wp-content//calatrava.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-910" title="calatrava" src="http://www.anantes.net/wp-content//calatrava.jpg" alt="calatrava" width="300" height="224" /></a></p>
<p>Las matemáticas surgen cuando intentamos comprender los datos percibidos por los sentidos. Estos datos se abstraen y se intentan comprender. Estudia las propiedades y relaciones de los entes abstractos (números, figuras geométricas y símbolos). Como lo que nos interesa para la clase es entenderla con respecto a <strong>Platón</strong> y con respecto a comprender cuales son las <strong>ciencias formales, </strong>entonces vamos a centrarnos en la geometría que vale para las dos cosas.</p>
<p>La geometría se ocupa de las propiedades de las figuras geométricas en el plano (2D) y en el espacio (3D). Un punto es una figura geométrica, también lo es una circunferencia o un poliedro. Sin complicarnos las vida tanto como lo han hecho quienes han estudiado las matemáticas nos quedaremos con que la geometría se construye sobre un sistema axiomático, que define los elementos básicos y construye el sistema a partir de ellos de forma <strong>DEDUCTIVA (necesaria)</strong>. Más allá de esos elementos básicos no hay nada más, son ciertos sin más.</p>
<p>El punto, la recta y el plano es lo más básico: son <strong>entes geométricos fundamentales</strong>. Y los <strong>postulados característicos</strong> de la geometría describen y determinan las principales relaciones entre esas cosas llamadas entes geométricos fundamentales.</p>
<p><strong>Los Postulados característicos son:</strong> </p>
<ol>
<li>Existen infinitos puntos, rectas y planos.</li>
<li>Por un punto pasan infinitas rectas y planos.</li>
<li>Dos puntos determinan una recta a la cual pertenecen.</li>
<li>Por una recta pasan infinitos planos.</li>
<li>Una recta y un punto exterior a ella, determinan un plano al que pertenecen.</li>
<li>La recta determinada por dos puntos de un plano, pertenece al mismo plano.</li>
<li>A un plano o recta pertenecen infinitos puntos y, también, existen infinitos puntos exteriores.</li>
</ol>
<p>Como ves todo es lógico, muy básico y comprensible, porque las matemáticas no pueden jugar a probabilidades con sus conceptos básicos. Relacionar estos postulados, definir los elementos de la geometría es elemental para construir una ciencia que haga comprender el espacio físico. Si quieres saber algo más ahí tienes internet y todo un mundo de verdades y mentiras que separar.</p>
<p>¿Qué debes sacar en claro de todo esto? Pues que las matemáticas trabajan con ideas, como le gustaba a Platón pensar para alcanzar la verdad de las cosas. Que razona deductivamente, es decir, que no hay nada nuevo pero no se equivoca. Date cuenta como se define una circunferencia, algo que existe más allá de que seamos capaces de dibujarla o pensarla:</p>
<blockquote><p>Una <strong>circunferencia</strong> es el lugar geométrico de los puntos del plano equidistantes de otro fijo, llamado centro.</p></blockquote>
<p>La que yo dibujo en la pizarra hace que pienses en algo así.</p>
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		<title>Caso Semmelsweis</title>
		<link>http://www.anantes.net/2009/10/17/caso-semmelsweis/</link>
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		<pubDate>Sat, 17 Oct 2009 09:23:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[epistemología]]></category>
		<category><![CDATA[Semmelsweis]]></category>

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		<description><![CDATA[“Como simple ilustración de algunos aspectos importantes de la investigación científica, parémonos a considerar los trabajos de Semmelweis en relación con la fiebre puerperal. Ignaz Semmelweis, un físico de origen húngaro, realizó esos trabajos entre 1844 y 1848 en el Hospital General de Viena. Como miembro del equipo médico de la Primera División de Maternidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>“Como simple ilustración de algunos aspectos importantes de la investigación científica, parémonos a considerar los trabajos de Semmelweis en relación con la fiebre puerperal. Ignaz Semmelweis, un físico de origen húngaro, realizó esos trabajos entre 1844 y 1848 en el Hospital General de Viena. Como miembro del equipo médico de la Primera División de Maternidad del hospital, Semmelweis se sentía angustiado al ver que una gran proporción de las mujeres que habían dado a luz en esa división contraían una seria y con frecuencia fatal enfermedad conocida como fiebre puerperal o fiebre de sobreparto. En 1844, hasta 260, de un total de 3.157 madres de la División Primera – un 8’2%- murieron de esa enfermedad; en 1845, el índice de muertes era del 6’8%, y en 1846, del 11’4%. Estas cifras eran sumamente alarmantes, porque en la adyacente Segunda División de Maternidad del mismo hospital, en la que se hallaban instaladas casi tantas mujeres como en la Primera, el porcentaje de muertes por fiebre puerperal era mucho más bajo: 2’3%, 2%, 2’7% en los mismos años. En un libro que escribió más tarde sobre las causas y la prevención de la fiebre puerperal, Semmelweis relata sus esfuerzos para resolver este terrible rompecabezas.</p>
<p>Semmelweis empezó por examinar varias explicaciones del fenómeno, corrientes en la época; rechazó algunas que se mostraban incompatibles con hechos bien establecidos; a otras las sometió a contrastación.</p>
<p>Una opinión ampliamente aceptada atribuía las olas de fiebre puerperal a “influencias epidémicas”, que se describían vagamente como “cambios atmosférico-cósmico-telúricos”, que se extendían por distritos enteros y producían la fiebre puerperal en mujeres que se hallaban de sobreparto. Pero ¿cómo –argüía Semmelweis- podían esas influencias haber infestado durante años la División Primera y haber respectado la Segunda? Y ¿Cómo podía hacerse compatible esta concepción con el hecho de que mientras la fiebre asolaba el hospital, apenas se producía caso alguno en la ciudad de Viena o sus alrededores? Una epidemia de verdad, como el cólera, no sería tan selectiva. Finalmente, Semmelweis señala que algunas de las mujeres internadas en la División Primera que vivían lejos del hospital se habían visto sorprendidas por los dolores de parto cuando iban de camino, y habían dado a luz en la calle; sin embargo, a pesar de esas condiciones adversas, el porcentaje de muertes por fiebre puerperal entre estos casos de “parto callejero” era más bajo que el de la División Primera.</p>
<p>Según otra opinión, una causa de mortandad en la División Primera era el hacinamiento. Pero Semmelweis señala que de hecho el hacinamiento era mayor en la División Segunda, en parte como consecuencia de los esfuerzos desesperados de las pacientes para evitar que las ingresaran en la tristemente célebre División Primera. Semmelweis descartó asimismo dos conjeturas similares haciendo notar que no había diferencias entre las dos divisiones en lo que se refería a la dieta y al cuidado general de las pacientes.</p>
<p>En 1846, una comisión designada para investigar el asunto atribuyó la frecuencia de la enfermedad en la División Primera a las lesiones producidas por los reconocimientos poco cuidadosos a que sometían a las pacientes los estudiantes de medicina, todos los cuales realizaban sus prácticas de obstetricia en esta División. Semmelweis señala, para refutar esta opinión, que a) las lesiones producidas naturalmente en el proceso del parto son mucho mayores que las que pudiera producir un examen poco cuidadoso; b) las comadronas que recibían enseñanzas en la División Segunda reconocían a sus pacientes de modo muy análogo, sin por ello producir los mismos efectos; c) cuando, respondiente al informe de la comisión, se redujo a la mitad el número de estudiantes y se restringió al mínimo el reconocimiento de las mujeres por parte de ellos, la mortalidad, después de un breve descenso, alcanzó sus cotas más altas.</p>
<p>Se acudió a varias explicaciones psicológicas. Una de ellas hacía notar que la División Primera estaba organizada de tal modo que un sacerdote que portaba los últimos auxilios a una moribunda tenía que pasar por cinco salas antes de llegar a la enfermería: se sostenía que la aparición del sacerdote, precedido por un acólito que hacía sonar una campanilla, producía un efecto terrorífico y debilitante en las pacientes de las salas y las hacía así más propicias a contraer la fiebre puerperal. En la División Segunda no se daba este factor adverso, porque el sacerdote tenía acceso directo a la enfermería. Semmelweis decidió someter a prueba esta suposición. Convenció al sacerdote de que debía dar un rodeo y suprimir el toque de campanilla para conseguir que llegara a la habitación de la enferma en silencio y sin ser observado. Pero la mortalidad no decreció en la División Primera.</p>
<p>A Semmelweis se le ocurrió una nueva idea: las mujeres, en la División Primera, yacían de espaldas; en la Segunda, de lado. Aunque esta circunstancia le parecía irrelevante, decidió, aferrándose a un clavo ardiendo, probar a ver si la diferencia de posición resultaba significativa. Hizo, pues, que las mujeres internadas en la División Primera se acostaran de lado, pero, una vez más, la mortalidad continuó.</p>
<p>Finalmente, en 1847, la casualidad dio a Semmelweis la clave para la solución del problema. Un colega suyo, Kolletschka, recibió una herida penetrante en un dedo, producida por el escalpelo de un estudiante con el que estaba realizando una autopsia, y murió después de una agonía durante la cual mostró los mismos síntomas había observado en las víctimas de la fiebre puerperal. Aunque por esa época no se había descubierto todavía el papel de los microorganismos en ese tipo de infecciones, Semmelweis comprendió que la “materia cadavérica” que el escalpelo del estudiante había introducido en la corriente sanguínea de Kolletschka había sido la causa de la fatal enfermedad de su colega, y las semejanzas entre el curso de la dolencia de Kolletschka y el de las mujeres de su clínica llevó a Semmelweis a la conclusión de que sus pacientes habían muerto por un envenenamiento de la sangre del mismo tipo: él, sus colegas y los estudiantes de medicina habían sido los portadores de la materia infecciosa, porque él y su equipo solían llegar a las salas inmediatamente después de realizar disecciones en la sala de autopsias, y reconocían a las parturientas después de haberse lavado las manos sólo de un modo superficial, de modo que éstas conservaban a menudo un característico olor a suciedad.</p>
<p>Una vez más, Semmelweis puso a prueba esta posibilidad. Argumentaba él que si la suposición fuera correcta, entonces se podría prevenir la fiebre puerperal destruyendo químicamente el material infeccioso adherido a las manos. Dictó, por tanto, una orden por la que se exigía a todos los estudiantes de medicina que se lavaran las manos con una solución de cal clorurada antes de reconocer a ninguna enferma. La mortalidad puerperal comenzó a decrecer, y en el año 1848 descendió al 1’27% en la División Primera, frente al 1’33% de la Segunda.</p>
<p>En apoyo de su idea, o, como también diremos, de su hipótesis, Semmelweis hace notar además que con ella se explica el hecho de que la mortalidad en la División Segunda fuera mucho más baja: en ésta las pacientes estaban atendidas por comadronas, en cuya preparación no estaban incluidas las prácticas de anatomía mediante la disección de cadáveres.</p>
<p>La hipótesis explicaba también el hecho de que la mortalidad fuera menor entre los casos de “parto callejero”: a las mujeres que llegaban con el niño en brazos casi nunca se las sometía a reconocimiento después de su ingreso, y de este modo tenían mayores posibilidades de escapar a la infección.</p>
<p>Asimismo, la hipótesis daba cuenta del hecho de que todos los recién nacidos que habían contraído la fiebre puerperal fueran hijos de madres que habían contraído la enfermedad durante el parto; porque en ese caso la infección se le podía transmitir al niño antes de su nacimiento, a través de la corriente sanguínea común de madre e hijo, lo cual, en cambio resultaba imposible cuando la madre estaba sana.</p>
<p>Posteriores experiencias clínicas llevaron pronto a Semmelweis a ampliar su hipótesis. En una ocasión, por ejemplo, él y sus colaboradores, después de haberse desinfectado cuidadosamente las manos, examinaron primero a una parturienta aquejada de cáncer cervical ulcerado; procedieron luego a examinar a otras doce mujeres de la misma sala, después de un lavado rutinario, sin desinfectarse de nuevo. Once de las doce pacientes murieron de fiebre puerperal. Semmelweis llegó a la conclusión de que la fiebre puerperal podía ser producida no sólo por materia cadavérica, sino también por “materia pútrida procedente de organismos vivos”.</p></blockquote>
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		<title>Filosofía de la ciencia</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 17:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Vivimos en una civilización científica. Todos los aspectos de nuestra vida están marcados por el progreso científico. Una gran parte de los conocimientos que utilizamos en nuestra vida ordinaria se basan en ese progreso, que ha cambiado y continúa cambiando las condiciones de nuestra vida, e influye notablemente en el modo de pensar y de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8220;Vivimos en una civilización científica. Todos los aspectos de nuestra vida están marcados por el progreso científico. Una gran parte de los conocimientos que utilizamos en nuestra vida ordinaria se basan en ese progreso, que ha cambiado y continúa cambiando las condiciones de nuestra vida, e influye notablemente en el modo de pensar y de valorar las cosas.</p>
<p>El estudio de la naturaleza mediante los métodos de la ciencia experimental moderna ha conseguido un éxito sin precedentes, lo que ha llevado a preguntarse cuál es el secreto de tal éxito, con vistas a impulsar el progreso científico y a extender, si fuera posible, la aplicación de esos métodos a otras áreas. </p>
<p>El calificativo “científico” sugiere que un conocimiento es objetivo, verdadero, riguroso, bien comprobado. En cambio, lo que no es “científico” suele considerarse como subjetivo, como algo que depende de circunstancias cambiantes o que es poco fiable en general. Parece que todo conocimiento que se presente con pretensiones de objetividad debería ser científico.&#8221;</p>
<p>Mariano Artigas. <em>Filosofía de la ciencia.</em> Pamplona. Eunsa. 1999</p></blockquote>
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		<title>Openheimer</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 17:31:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em><em>&#8220;Los científicos hemos conocido el pecado&#8221;</em></em></p></blockquote>
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		<title>El árbol de la ciencia</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 11:31:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ismael</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A continuación una de las entradas que han aparecido en los blogs de mis alumnos de Bachillerato.

En estos días me hallo enfrascado en la lectura de una de las obras imprescindibles de nuestras letras. Se trata de “El árbol de la ciencia”, del insigne Pío Baroja. Está cargada de reflexiones de gran hondura moral y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span style="color: black;">A continuación una de las entradas que han aparecido en los blogs de mis alumnos de Bachillerato.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center;"><span style="color: black;"><a href="http://www.anantes.net/wp-content/arbol.jpg"><img class="size-medium wp-image-457 aligncenter" title="arbol" src="http://www.anantes.net/wp-content/arbol-486x300.jpg" alt="" width="486" height="300" /></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="color: black;"><em>En estos días me hallo enfrascado en la lectura de una de las obras imprescindibles de nuestras letras. Se trata de “El árbol de la ciencia”, del insigne Pío Baroja. Está cargada de reflexiones de gran hondura moral y filosófica, a través del camino de iniciación del joven estudiante de medicina Andrés Hurtado.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="color: black;"><em>En la novela se plantea una interesante dicotomía que me ha llevado a plantearme una serie de cuestiones de las que me gustaría haceros partícipes.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>Por un lado, se presenta la figura del Árbol de la Ciencia, que provoca dolor, sufrimiento e insatisfacción. Por el otro, el Árbol de la Vida, que trae la felicidad, el gozo de la ignorancia, de la superstición, de la fe, y que nos conduce a una sedante alienación.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>Es manifiesto que el camino de la duda, de la investigación, de las miradas inquisitoriales, de la reflexión … nos conduce a una irremediable angustia vital. Hacernos preguntas puede ser doloroso, y el mayor riesgo de buscar la realidad es encontrarla, abierta y desnuda. Y es aquí donde aparece el gran interrogante: ¿Está preparado el ser humano para abordar la búsqueda del conocimiento?</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><span>Parece inevitable resignarse al hecho de que, en realidad, el hombre termina sucumbiendo ante la brutalidad de los instintos más atávicos, básicos y primitivos; nunca podrá desligarse de la denominada “lucha por la vida”, concepto utilizado por Darwin en </span><span style="font-style: italic;">“El origen de las especies”</span><span>. En definitiva, el humano se ve abocado a dejarse arrastrar por su condición animal, en un juego vital en el que sobrevive el más adaptado, el más fuerte. En un mundo de encarnizado enfrentamiento por la supervivencia, parece no quedar lugar para el individuo moral, racional o sentimental. Creaciones humanas como el dinero o el amor, no serían más que artificios para encubrir impulsos animales como el instinto de posesión o el de reproducción, respectivamente.</span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>Es caso frecuente que, con el paso del tiempo o de los años, ante la certeza de un mundo corrupto y pervertido, un temperamento idealista y reaccionario se torne en abulia e inacción. Se abandona por completo la búsqueda del sentido de la vida y se recurre al abandono de la reflexión sobre cualquier tipo de dilema moral. Gana terreno el pesimista individuo schopenhaueriano.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>¿Sería conveniente, de esta manera, adoptar una actitud resignada ante los conflictos derivados de la existencia? El estado ideal del alma sería entonces la ataraxia, cenit del pensamiento estoico. Deberíamos, por tanto, inclinarnos hacia el engaño, la mentira útil, la coraza que nos evita mirar directamente a los ojos a la realidad, dar por buena cualquier convención impuesta desde fuera y anular cualquier actitud crítica.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>Pero, ¡cuidado! Si bien es cierto que el Árbol de la Ciencia nos provoca un fatal desencanto, no menos peligroso es el Árbol de la Vida, que ni mucho menos nos introduce de lleno en una felicidad plena. Más bien al contrario: un individuo privado por completo del sentido del tacto no experimentará dolor alguno, del mismo modo que aquél que no disponga del uso de la razón no sentirá angustia por aquello que se escapa a su comprensión. Ahora bien, ¿es<span>  </span>esto lo que en realidad perseguimos?</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>En definitiva, estamos obligados a decantarnos entre la desesperación del saberse conocedor de los peligros de la existencia humana, de la realidad en toda su crudeza y la angustia del sordo que no oye lo que pasa a su alrededor. Porque, resulta claro que todos somos conscientes de la posibilidad de peregrinar en pos de la realidad de la que gozamos, y aunque sea doloroso utilizarla…. ¿acaso no lo es más no hacerlo?</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><strong><span> </span>Juanma Romero</strong></em></p>
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