El Novum Organum de Bacon se publica diecisiete años antes que el Discurso del Método de Descartes. La obsesión por la renovación es lo propio de la actitud moderna. El ser moderno es una forma de entender la vida en la que hay que hacer algo nuevo para que sea realmente bueno. Lo nuevo no es arreglar, lo nuevo (lo moderno) es construir desde cero lo que siempre se ha querido cuando se veía lo antiguo. Esta obra de Bacon no tiene nada que envidiar a la de Descartes, su contribución histórica se asemeja bastante al pensador de la duda.
Quizás lo más importante que haya dejado para la eternidad Bacon sea su planteamiento sobre los ídolos que hay que destruir en el entendimiento humano para poder avanzar hacia la verdad sin sentirse tentado por ningún prejuicio. El proyecto se divide en dos: destruir y construir. Destruir para poder estar seguro de que no haya nada admitido de lo que no se tenga certeza y construir según unas reglas estrictas de interpretación de la naturaleza.
Destruir para dejar un solar vacío. Hay cuatro tipos de ídolos: 1. los de la tribu, los que están en la naturaleza humana misma, a los que el propio entendimiento se siente empujado a suponer. 2. los de la caverna, que se originan en el sujeto particular, en nuestro interior que todo lo dispersa y oscurece. 3. los del foro, los que nos tragamos por costumbre, porque tendemos a admitir lo que todo el mundo hace por verdadero. 4. y los del teatro, los que vemos en los sistemas filosóficos que ha habido hasta ahora.
Todo lo que se sabe hay que dejarlo a un lado como falso porque confunde si pretendemos empezar de cero.
El Novum Organum de Bacon se publica diecisiete años antes que el Discurso del Método de Descartes. La obsesión por la renovación es lo propio de la actitud moderna. El ser moderno es una forma de entender la vida en la que hay que hacer algo nuevo para que sea realmente bueno. Lo nuevo no es arreglar, lo nuevo (lo moderno) es construir desde cero lo que siempre se ha querido cuando se veía lo antiguo. Esta obra de Bacon no tiene nada que envidiar a la de Descartes, su contribución histórica se asemeja bastante al pensador de la duda.
Quizás lo más importante que haya dejado para la eternidad Bacon sea su planteamiento sobre los ídolos que hay que destruir en el entendimiento humano para poder avanzar hacia la verdad sin sentirse tentado por ningún prejuicio. El proyecto se divide en dos: destruir y construir. Destruir para poder estar seguro de que no haya nada admitido de lo que no se tenga certeza y construir según unas reglas estrictas de interpretación de la naturaleza.
Destruir para dejar un solar vacío. Hay cuatro tipos de ídolos: 1. los de la tribu, los que están en la naturaleza humana misma, a los que el propio entendimiento se siente empujado a suponer. 2. los de la caverna, que se originan en el sujeto particular, en nuestro interior que todo lo dispersa y oscurece. 3. los del foro, los que nos tragamos por costumbre, porque tendemos a admitir lo que todo el mundo hace por verdadero. 4. y los del teatro, los que vemos en los sistemas filosóficos que ha habido hasta ahora.
Todo lo que se sabe hay que dejarlo a un lado como falso porque confunde si pretendemos empezar de cero.
“Los ídolos y las nociones falsas que han invadido ya la humana inteligencia, echando en ella hondas raíces, ocupan la inteligencia de tal suerte, que la verdad sólo puede encontrar a ella difícil acceso; y no sólo esto: sino que, obtenido el acceso, esas falsas nociones, concurrirán a la restauración de las ciencias, y suscitarán a dicha obra obstáculos mil, a menos que, prevenidos los hombres, se pongan en guardia contra ellos, en los límites de lo posible.”
Francis Bacon. Novum Organum
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