EL VALOR DE LOS SUEÑOS

“El ser humano, un dios cuando sueña y apenas un mendigo cuando piensa.”

Hölderling. Hyperion

El Capricho 43 de Francisco de Goya viene con la inscripción “El sueño de la razón produce monstruos”. El mensaje está mandado en las vísperas del siglo XIX europeo, unos años en los que el pensamiento ilustrado está apurando las opciones de salvación de la humanidad. La crítica del artista aragonés tiene una intención, desmantelar el poder absoluto de la razón que había sido asignado como liberador de la especie elegida para la gloria.

No se trata de anular su uso ni de ridiculizar su utilidad, el cálculo racional y la lógica matemática nos asiste en situaciones de necesidad de orden y pensamiento deductivo. La denuncia de los artistas que siguieron al visionario Goya trae el mensaje de que la razón humana tiene límites, que si se traspasan puede llevarnos al lado más oscuro de la superstición y la magia. Y esos límites son naturalmente los albores del arte, la música y la poesía.

Podemos seguir por ese camino y creernos en posesión de la verdad, solo por usar la lógica como única vía para solucionar problemas, o podemos combinar razón y emoción, lógica y pasión, sueños y vigilia, de forma equilibrada para dar pasos firmes y seguros junto al ingenio de la humanidad.

El ser humano no es nada sin sus sueños, sin sus locuras, sin sus creaciones y sentimientos. Es un animal condenado al fracaso si cree en el poder absoluto de la luz de la razón. Las sombras están y acompañan a cada haz de claridad que provoca el pensamiento.

Ese mensaje de salvación ilustrado duró poco, aunque la humanidad todavía se resiste a desestimarlo, vino el romanticismo y vinieron las grandes guerras. Porque ese sueño es recurrente, este existente abandonado a su suerte que somos se refugia una y otra vez en la seguridad de lo demostrado y calculado. Queremos pruebas, porque nos pone muy nerviosos lo incierto.

Nuestro tiempo nos advierte constantemente de la necesidad del ingenio y la pasión en lo que proyectemos. Nuestras vidas dependen como nunca de nuestras particulares iniciativas emprendedoras.

La creatividad es la energía de nuestro tiempo. Debió ser siempre así.