Hay un empeño tremendo en todo lo que hacemos por eliminar el mal. En la entrada sobre el terremoto de lisboa hacía un pequeño análisis de los males del mundo. Nuestra condición racional identifica claramente como lo bueno aquello que satisfaga y nos proporcione bienestar, todo lo contrario de lo que nos lleve al dolor y al sufrimiento, es decir, pensamos que lo bueno es el objetivo frente a lo malo. De esta forma mientras exista mal de algún tipo no habríamos logrado usar bien lo que la naturaleza nos ha dado.
Desde esta perspectiva casi metafísica de la vida trabajan muchísimas corrientes políticas, así ha sido casi desde el prinicipio quienes son pesimistas con la situación y conciben un mundo ideal en el que vivir que no se parece nada a lo que tenemos. La realidad suele chocar con sus ilusiones y la culpa se le echa siempre a otros seres racionales que no saben guiar adecuadamente sus inteligencias hacia un mundo mejor.
El cuerpo humano sabe de esto, aunque no soy yo el más proclive a hacer este tipo de comparaciones físicas/metafísicas. Las bacterias son necesarias en el organismo, pero nuestro raciocinio se obsesiona por eliminarlas porque son el mal. ¿Cuántos anuncios hay de colutorios en la televisión sobre el poder antibacterias de los enjuagues? Pero resulta que eso no es “bueno”, el cuerpo necesita las bacterias que le dan estabilidad y que si las eliminamos vienen otras peores, las oportunistas, que sólo atacan cuando las defensas están bajas y que se asientan en nuestro bios cuando la flora natural desaparece.
¿Y quién hace desaparecer esa flora? ¡NOSOTROS! ¿Y quien se empeña en que seamos todos buenos? !NOSOTROS¡
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