TALENTO

Hablar de talento es hablar de capacidad. Es un poder para saber o hacer. Se trata de una destreza especial para aprender con facilidad o para desarrollar alguna habilidad práctica. Tener o no tener talento puede determinar nuestro futuro profesional. Hay que considerarlo a la hora de decidir el camino a seguir.

Si somos hábiles entendiendo o desempeñando una labor concreta debemos saberlo y potenciarlo. Ser mejores en aquello que se nos da bien es una buena estrategia para formarnos. En ocasiones nos dirigimos por prejuicios sobre lo que se supone que debemos ser. En ocasiones prestamos atención a nuestro entorno y nos planteamos metas laborales adaptadas a él, nos convencemos de que debemos conseguir una formación académica y profesional determinada por lo que se espera de una persona de nuestra generación. Pero caer en el error de no conocer nuestras auténticas capacidades nos acerca a un callejón vital sin salida.

¿Cómo saber cuál es nuestro talento? Todos tenemos alguno, ya sea evidente o en potencia, por eso es tan importante ser conscientes de nuestras mejores virtudes y también de las peores. El talento puede ser una destreza para una práctica concreta, una disposición especial para la creación, para el manejo de instrumentos concretos, para el ingenio, para la resolución de problemas, para las matemáticas, el discurso oral, la argumentación escrita, la habilidad en las relaciones sociales, la alta capacidad de concentración… Podemos hablar de talento por ser especialmente diligentes y dispuestos para llevar la iniciativa, o todo lo contrario, tener condición de gregario. La paciencia, la precisión o la rapidez también puede ser un talento aprovechable.

¿Te atreves a descubrir tu talento?

El mercado laboral necesita personas que sepan llamar a la puerta adecuada para encontrar un empleo. Es absurdo dejar un currículum para un puesto comercial si nuestra capacidad para relacionarnos con desconocidos no está entre nuestros talentos.

Busca el talento que hay en ti.